El Veinte de Julio de 1810 y el Siete de Agosto de 1819, la nación colombiana conquistó el derecho a autodeterminarse. Rafael Correa, presidente de Ecuador, tomó una decisión correcta al acabar con la base de Manta. Trasladar la base de Manta a Colombia no es conveniente y ni siquiera sensato. Las tropas extranjeras siempre defienden los intereses del país cuya bandera juraron defender. La decisión de trasladar la Base de Manta nos involucra en la estrategia militar global de Estados Unidos. Una base en Colombia amenaza la soberanía de los vecinos y daña las relaciones con ellos. Justo cuando el imperialismo se debilita, el gobierno de Uribe se lanza a sacarle las castañas del fuego. La decisión debe ser sometida al Congreso de la República.
Parece estarse iniciando un debate que ojalá los colombianos libráramos con toda seriedad, porque no versa sobre un asunto de poca monta, dado que tiene que ver nada menos que con la soberanía, el bien más preciado de cualquier nación. Aquí todos los años, y con plena razón, se conmemoran el Veinte de Julio de 1810 y el Siete de Agosto de 1819, pero a ratos se olvida qué es lo que se celebra. Y lo que se celebra es nada menos que en esas fechas lo que es hoy la nación colombiana se ganó el derecho a decidir su propio destino. En esos dos días ganamos la Independencia de la corona española. En esos dos días conquistamos la soberanía nacional, repito, el bien más preciado de cualquier nación, porque trae consigo el derecho a autodeterminarse, a relacionarse con el mundo, pero no en condiciones coloniales de vasallaje, de sometimiento, de desventaja, sino en plena igualdad, de forma tal que las relaciones internacionales contribuyan positivamente al bienestar del pueblo y la nación colombianos.
Y decía que esta mañana parece haber tomado fuerza un debate de importancia en este sentido, porque se ha planteado de manera clara la discusión en torno a qué posición política asumir con respecto al proceso puesto en marcha por el gobierno para trasladar a Colombia la base de Manta, el enclave que tropas norteamericanas mantienen en la hermana República del Ecuador. Se trata de un establecimiento militar con aviones, helicópteros, tropas, etc., en el cual la soberanía nacional no la ejercen los ecuatorianos, sino las tropas estadounidenses. No olvidemos un principio elemental, señor presidente: un soldado, cualquier soldado de cualquier nación del mundo, no importa dónde esté, representa los intereses del país cuya bandera juró defender.
Rafael Correa tomó una decisión correcta
Y en ese sentido, con razón, a mi juicio, el presidente Correa, del Ecuador, tomó la decisión de pedirle al gobierno de Estados Unidos que retire sus tropas de la base de Manta, porque esas fuerzas allí localizadas no representan los intereses nacionales de los ecuatorianos, sino los de Estados Unidos, los de sus monopolios y trasnacionales, que son los que mandan en el país del Norte. Lo único que uno puede hacer es congratularse por el hecho de que le quiten a un vecino una espina clavada en su costado y que golpea de manera inmisericorde su soberanía nacional.
Infortunadamente, senadores y colombianos, lo que se ha estado confirmando en estos días es la idea de que esa base militar de Manta se traslade de Ecuador al territorio nacional de Colombia, bien sea por completo, instalando una base entera en un sitio cualquiera del territorio soberano de Colombia o porque la base de Manta se desprese, se parta en pedazos y se reparta en distintos lugares de la República de Colombia. En uno u otro caso, se ve afectado el derecho soberano de los colombianos a definir nuestros propios asuntos. Esa es ni más ni menos la discusión que está sobre el tapete.
Hay otra discusión implícita. Si el día de mañana el gobierno de Colombia quiere trasladar la base de Manta de Ecuador a Colombia, ¿puede hacerlo sin consultarle al Congreso de la República y sin que la decisión sea aprobada por el Senado? La Constitución señala expresamente que el paso de tropas extranjeras por el territorio nacional deberá ser aprobado por el Congreso. Y si el paso de tropas extranjeras de un sitio a otro debe ser aprobado por el Congreso colombiano, qué no decir de un acontecimiento de tanta gravedad como el de autorizar, en un contrato fácilmente a 10, 20 ó 50 años, no sabemos, la localización permanente de un ejército extranjero o de tropas extranjeras en el territorio nacional de Colombia.
No es conveniente y ni siquiera sensato
Desde ya quiero fijar mi radical oposición. Trasladar la base de Manta a nuestro territorio no es conveniente para Colombia y ni siquiera sensato. Son tropas extranjeras que representan los intereses de otra nación, intereses que pueden ser coincidentes con los nuestros, como pueden no serlo. Esas tropas, en todo caso y en cualquier momento, actuarán de acuerdo con las conveniencias que les fije el gobierno de Estados Unidos.
Y cuando se pierde la soberanía nacional, es bueno explicarlo, senadores y colombianos, no es que se pierda una entelequia, como algunos podrían suponer, en la falsa creencia de que eso de la soberanía es como la bandera, que no importa si se humilla o se ultraja porque es una especie de figura decorativa. No. La soberanía nacional es el derecho a autodeterminarse, es el derecho a definir qué es lo más conveniente para el destino de una nación. De la soberanía nacional depende que se produzca o no comida en Colombia, que haya o no sector agropecuario, que la leche que hoy se está importando no se importe porque está golpeando a los ganaderos colombianos. De la soberanía nacional depende que haya desarrollo industrial o no, desarrollo científico y tecnológico o no. La soberanía nacional tiene que ver con el nivel de los salarios, con el empleo, con la salud. Uno puede terminar muriéndose de una enfermedad producto de una pérdida de soberanía nacional, impuesta por una legislación de salud pública contraria al interés de los colombianos. Y no olvidemos, colombianos y senadores, que estamos hablando, no de las tropas de cualquier país, sino de los ejércitos de la primera potencia económica y militar del mundo, del primer Imperio de la historia capaz de desplegar sus tropas a lo largo y ancho del planeta, no para contribuir al desarrollo de las ideas de la madre de Calcuta, ni para andar por el vecindario llevando la felicidad. No. Las tropas hacen presencia para afianzar los intereses de los monopolios y las trasnacionales de Estados Unidos. La decisión de trasladar la base de Manta nos involucra en la estrategia militar global de Estados Unidos. Y eso entraña riesgos supremamente graves en el mediano y en el largo plazo, porque no sabemos los desenvolvimientos que pueda tener la geopolítica internacional.
Una base en Colombia amenaza la soberanía de los vecinos
Pero si estos argumentos, un poco abstractos si ustedes quieren, no los persuaden sobre la gravedad de lo que estoy denunciando, demos uno de índole práctica: ¿sí será una buena manera de tener buenas relaciones económicas y políticas con los países vecinos, con Suramérica y con el Continente entero permitir que aquí se establezca una base que el día de mañana puede amenazar la soberanía nacional y la autodeterminación de Ecuador, Panamá, Perú, Argentina, Venezuela, Centroamérica y cualquier otro, porque todos queden bajo la sombrilla de esta base militar? El proyecto me parece absolutamente irresponsable, mirando solamente este aspecto, y entiendo que ese fue uno de los aspectos que el doctor Rafael Pardo mencionó con toda claridad esta mañana en un medio de comunicación.
Es por lo menos inoportuno y absurdo que preciso cuando este gobierno se halla aislado en el Continente, cuando soplan vientos de transformación y el imperialismo norteamericano se debilita en todas partes, la actitud del gobierno sea la de sacarle las castañas del juego y prestarse nada menos que a juegos de índole militar, de una gravedad que no puede escapársele a ningún senador y a ningún colombiano.
Dejo entonces la constancia en varios sentidos. Primero, sobre la gravedad de esta decisión, terriblemente equivocada, contraria al interés nacional y por completo inoportuna, que convierte cada vez más a Colombia en el Caín de América, como ocurrió cuando este gobierno respaldó la invasión a Irak, cuando las tropas estadounidenses fueron a masacrar a un pueblo que no tenía por qué recibir ese tratamiento que todavía hoy recibe. Segundo, destaquemos también lo inoportuno de índole práctica. E insistamos por último, y esta es mi petición fundamental, que esa decisión no la puede tomar a motu proprio el gobierno nacional. El presidente Uribe no tiene la potestad constitucional de establecer tropas extranjeras. Cualquier decisión en tal sentido ha de pasar por el Congreso y ser sometida al debate serio como cualquier asunto que atañe a la soberanía nacional, que repito, es el empleo, es la comida, es la producción, es la vida misma de la nación colombiana.
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